lunes, 16 de agosto de 2010

Un techo de pueblo (Medellín, Colombia)

Hay imágenes de la ciudad que lo transportan a uno, por medio de la fantasía o del deseo, a lugares diferentes. Como en este caso en que las tejas venerables parecen las de esas casas de pueblo donde la humedad es capaz de pintar con verdes tan brillantes todas las superficies.
Hasta el “volador” que debió caer en la última celebración, lo hace pensar a uno que está en un balcón de marco de plaza, mirando el techo que cubrirá con toda seguridad una cantina o uno de esos graneros donde se pueden conseguir desde clavos hasta comida para caballos.
La paloma volará en cualquier momento y se unirá a las demás en torno al quiosco o se peleará el hombro o la cabeza del prócer que domina los parques de los pueblos en este maravilloso país.
Y es que en esta ciudad siempre es posible encontrar rincones íntimamente ligados con el reciente pasado campesino o con el próximo futuro de ciudad global.

1 comentario:

  1. Jaime Alberto Barrientos17 de agosto de 2010, 12:01

    Techo de mi pueblo, techo de mis pueblos, techos de mis gentes.

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