lunes, 22 de noviembre de 2010

Palabras al aire (Medellín, Colombia)

Quién sabe cuántas palabras o párrafos y hasta historias completas se escaparán de un libro cuando, por accidente, sus hojas se entreabren.
Y si por casualidad son varios los que dejan expuestas sus hojas a las corrientes de aire, no resultará extraño entonces que las voces grabadas en sus superficies se entremezclen en agradable disonancia o en un diálogo que ni siquiera el más imaginativo o avezado escritor pudo prever jamás.
Una conversación entre libros debe ser uno de los acontecimientos más fascinantes para quien pueda escucharla; la de historias nuevas que aparecerán, la de giros idiomáticos que ningún oído humano ha escuchado nunca y que tal vez pasen décadas sin que los escritores lleguen a descubrirlos; hasta que sea necesario contar una nueva historia o relatar esas viejas leyendas de una manera novedosa e impactante.
De todas formas, siempre se ha sospechado que los libros se pasan informaciones a espaldas de los lectores, lo que nadie sabe es a dónde van esas nuevas ideas. Tal vez se dirigen a ese mundo de la fantasía de donde surgen constantemente los relatos infantiles.

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