viernes, 29 de abril de 2011

Un universo plegable (Medellín, Colombia)

No es la primera vez que una fotografía sorprende a quien la toma enseñándole un panorama completamente nuevo y distinto al que observaba a través del visor de la cámara.
Hubo una época en la que esas sorpresas tardaban bastante tiempo si se lo compara con la inmediatez de la era digital.
Antes uno tenía que esperar a que los rollos de película pasaran por los laboratorios fotográficos donde mediante un proceso químico, muy parecido a la magia o a la alquimia, aparecía sobre la superficie del papel una imagen.
El fotógrafo se asombraba, no pocas veces, con lo que veía en el papel. Era como si en algunas ocasiones otra imagen se apoderara de lo que él había visto e intentara suplantarlo sin contradecir por eso la realidad.
Sin embargo, y a pesar de esas aparentes contradicciones entre la realidad fotográfica y el recuerdo, se le creía más a la foto que al ojo y que a la memoria.
Por eso en esta fotografía donde la calle se dobla de manera inverosímil, uno tiende a aceptar lo que ve y a buscar una explicación que elimine la incertidumbre: tal vez en ese preciso instante el espacio se plegaba para que algún viajero intergaláctico pasara de un extremo del universo a otro. Y por fortuna la cámara se activo en ese preciso instante y de forma simultánea mostró al  observador una escena pocas veces contemplada por ojos humanos en una ciudad y en pleno día.

1 comentario:

  1. Jaime Alberto Barrientos5 de mayo de 2011, 21:06

    En la época de los rollos la explicación era que como la cinta estaba enroscada dentro del tambor eso había llevado a que la foto quedara así, pero ahora me inclino más por la explicación que me recuerda, nuevamente, a Zafiro y Acero...

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