miércoles, 22 de septiembre de 2010

Una escena doméstica (Medellín, Colombia)

Cualquiera diría, al ver la pose estática de este par de aves, que esperan con ansia la llegada de los otros patos que los siguieron en el recorrido anual de miles de kilómetros para desplazarse desde el lejano norte a un clima más benigno.
Cualquiera pensaría que la fijeza de su mirada refleja las expectativas que las aves migratorias sienten por los miembros rezagados de su bandada, los que se quedaron en el camino con el compromiso de reanudar el vuelo tan pronto les fuera posible.
Pero la realidad es mucho más anodina y simple de lo que uno pudiera esperar: son dos patos que fueron atrapados por la cotidianidad de un parque botánico y pasan sus días entre un pequeño lago y los caminos que recorren diariamente con su andar gracioso acosando a los visitantes. Ejercitan su mirada penetrante para intimidarlos y lograr que les arrojen algunas migajas de sus comidas preparadas industrialmente.
Lo cierto es que no queda nada de salvaje en ellos. Tal vez si alguna vez atraviesan el firmamento de la ciudad algunos patos cosmopolitas, de esos que recorren los cielos de distintos continentes, los convenzan de que es mucho más emocionante la vida incierta de los aventureros que ver desmoronar la existencia en la repetición y la monotonía.

1 comentario:

  1. Jaime Alberto Barrientos23 de septiembre de 2010, 11:43

    Los patos y sus patas, juegos de niños que aún siendo adulto son difíciles de resolver.

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